Globalización: el tiempo que vivimos.

Algunas ideas de Zygmunt Bauman de su libro: "Vidas Desperdiciadas".


La noción de “desempleo” hereda su carga semántica de la autoconciencia de una sociedad que acostumbraba a otorgar a sus miembros el papel de productores de principio a fin, y que creía asimismo en el pleno empleo, no solo como una condición social deseable y alcanzable, sino también como su destino último.

Una sociedad que ve en el empleo, por lo tanto, una clave -la clave- para la resolución simultánea de las cuestiones de una identidad personal socialmente aceptable, una posición social segura, la supervivencia individual y colectiva, el orden social y la reproducción sistémica.

El estado se lava las manos ante la vulnerabilidad y la incertidumbre que dimanan de la lógica (o falta de lógica) del mercado, redefinida ahora como un asunto privado, una cuestión que los individuos han de tratar y hacer frente con los recursos que obren en su poder,

Las preocupaciones explosivas por la seguridad ya se habían ido almacenando en virtud de la retirada progresiva, lenta pero constante, del seguro colectivo que solía ofrecer el Estado Social, así como la rápida desregulación del mercado laboral.

La modernidad líquida es una civilización del exceso, la superfluidad, el residuo y la destrucción de residuos.

La cultura, la gran invención humana (tal vez la mayor de todas: una meta invención que pone en marcha la inventiva y hace posible todas las demás invenciones) es un artilugio para tornar soportable el tipo de vida humano, el tipo de vida que implica conocimiento de la mortalidad a despecho de la lógica y la razón.

Sin confianza, se desintegra el entramado de compromisos humanos, haciendo del mundo un lugar todavía más peligroso y temible.

La esperanza es la gramática.

"EL TIEMPO QUE VIVIMOS"
reflexión sobre una situación que afecta de diversas maneras al conjunto de los seres humanos.

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